Tenía 7 años y fue en un día de clases el primer recuerdo que tengo de haber sido maltratado. No olvido como esa noche mi madre me pegó, me agarró por el pelo y golpéo mi cara contra el lavamanos. Comencé a sangrar ya que mi nariz se impactó con el golpe y mientras sentía el dolor de los golpes trataba de entender el porqué de la paliza. Todo lo que había hecho era no terminar de escribir algo de la clase de Estudios Sociales que la maestra puso en la pizarra.

Esa fue la primera vez, pero lo que empezó esa noche continuó por años. Pero más que los golpes, me lastimaba sus gritos, insultos y humillaciones. Desafortunadamente crecí con mucho miedo, inseguridad y una autoestima quebrantada. Nunca estuve convencido de que mi madre me quisiera. No obstante, también me demostraba afecto en muchas ocaciones. Esto era complicado de entender y me creaba una gran confusión. Era similar al marido que le dice a la mujer que la ama, le trae flores y luego la golpea inmisericordemente cuando pierde el control.

Si los padres maltratantes tuvieran noción del daño que le hacen a la autoestima del niño quizás lo pensarían dos veces antes de actuar. No obstante, lo peor es que estos efectos pueden permanecer con la persona a lo largo de toda la vida. Pero ¿cuáles son los efectos del maltrato a largo plazo?

Depresión

La depresión es una condición mental en la que la persona experimenta una profunda tristeza, falta de ánimo, pérdida de interés por todo y disminución en las funciones psíquicas. Cuando un niño es maltratado por tanto tiempo y se siente reprimido e impotente ante la situación, el dolor lo puede llevar a un estado de tristeza extrema que de no ser atendido en algún momento podría afectarlo en su desarrollo y estabilidad emocional una vez llegue a la adultez. El principal peligro de esta enfermedad es el que la persona, ante la falta de tratamiento, pueda llegar a tomar medidas extremas como el quitarse la vida.

Ansiedad

Uno de los efectos más comunes del maltrato físico o emocional es la ansiedad. Se define como un trastorno en el cual la persona está pensando con frecuencia en preocupaciones, miedos intensos y persistentes sobre las situaciones diarias. Además, el individuo afectado también puede desarrollar condiciones como el Desorden Obsesivo Compulsivo que es una variante de la ansiedad. Uno de los elementos que más puede producir ansiedad en los niños es el maltrato físico ya que el niño o la niña vive en la expectativa del próximo golpe o paliza, lo cual afecta su sistema nervioso conduciéndolos a estar a la expectativa en todo momento. De hecho, este desorden emocional es de los más difíciles de controlar y de los que mayor tiempo pueden permanecer con el individuo. Por experiencia propia, les puedo decir que en mi caso, he tenido que trabajar mucho con esta condición y utilizar técnicas a diario como la meditación y el ejercicio para lograr mayor bienestar y estabilidad ante la ansiedad.


Conductas de alto rieso

Una baja autoestima puede traer consecuencias serias principalmente durante la pubertad. Ante la ansiedad, el estrés, la soledad y la depresión causada por la falta de seguridad, confianza y de herramientas para aumentar su autoestima, el joven puede comenzar a utilizar drogas y alcohol como una forma de escape. De igual manera, puede exponerse a una vida sexual activa, sin precaución y peligrosa que podría terminar en efermedades de transmisión sexual o embarazos no deseado.

Violencia

Cómo es de esperarse, los patrones de maltrato, sea físico o emocional, podrían desarrollar en la víctima frustración, tristeza y sobretodo coraje. Ante la represión de no poder expresar o liberar esa ira, el perjudicado puede desplegar conductas violentas más tarde en su vida. Las consecuencias de esto podrían llevarlo a cometer actos abusivos contra su pareja o eventualmente con sus hijos. Por tal razón, es altamente recomendado que una persona que ha sido maltratada busque ayuda profesional previo a comenzar una relación.

Desórdenes alimentarios

Otra posible consecuencia en los adolescentes ante una baja autoestima puede ser desarrollar condiciones mentales que tengan un impacto en su organismo y salud como: la bulimia o la anorexia. Esto se da con más frecuencia aún en las niñas ya que son más conscientes de su físico. Si la niña o el niño han crecido en un hogar donde continuamente ha sido maltratado o humillado y además en la escuela ha sido víctima de acoso y burla, podría comenzar con estas peligrosas prácticas buscando algún tipo de aceptación social o familiar.

El maltrato puede tener consecuencias serias y de por vida en la persona. Antes de actuar y ser hostiles o violentos con nuestros hijos debemos pensar en cómo esto le afectará a largo plazo en su diario vivir, tanto a nivel familiar o profesional. Recordemos siempre la razón para convertirnos en padres y madres. El amor por nuestros hijos, que no lo iguala nada, debe ser la brújula que guíe nuestras acciones y ejemplos ante ellos. Busquemos desarrollar la tolerancia, el control y el pensar antes de actuar.

 

 

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